Ciclos de manifestación


Dios o como queramos llamarle, se manifiesta constantemente a través de ciclos de manifestación finitos y concretos en sí mismos. Parecería que su propósito fuera la creación constante e infinita en el tiempo de semillas que, a su vez, crecen, dando frutos que producirán nuevas semillas; y así indefinidamente. De forma que cada una de esas manifestaciones -de la semilla al fruto y de éste a la semilla- constituye un ciclo concreto. Ciclo que se ajusta a un programa cósmico que constituye lo que podríamos denominar "la escala cósmica de manifestaciones". Bien, pues en ese ciclo tienen lugar siete manifestaciones o dimensiones: a saber.

  • la primera dimensión o dimensión mineral,

  • la segunda o dimensión vegetal,

  • la tercera o dimensión animal,

  • la cuarta o dimensión humana,

  • la quinta o dimensión energética,

  • la sexta o dimensión mental y

  • la séptima o dimensión divina.

Cada uno de estos escalones, planos o dimensiones cumple globalmente una función en el universo. Pero cada una de estas dimensiones está, a su vez, compuesta por siete etapas, correspondiendo cada una de ellas a siete pasos intermedios o momentos sucesivos en el proceso de manifestación, que abarcan desde el principio de cada dimensión correspondiente hasta el límite con la siguiente.

Así, en el llamado reino mineral, como en los demás, la chispa divina recorre las siete etapas y, a medida que avanza, va perdiendo densidad en lo mineral. Esto es, se manifiesta primero en los cuerpos sólidos, densos y pesados, cuyos átomos contienen menos energía, pasando luego por los líquidos y continuando por los gaseosos y ligeros, que son los que han absorbido una mayor cantidad energética.

En el reino vegetal, la primera etapa comienza con las plantas menos evolucionadas, como por ejemplo ciertos líquenes, y termina en vegetales tan evolucionados que casi se les puede confundir con animales primarios unicelulares. Lo mismo ocurre con el reino animal.

En cuanto a la cuarta dimensión o plano humano, cabe señalar algo importante: al iniciar su primera etapa, el hombre dispone de cuatro "cuerpos" fundamentales que mantiene a lo largo de los siete peldaños de su escala evolutiva, aunque durante el recorrido sufre algunas transformaciones. Estos cuatro "cuerpos" son el "Yo interno" o cuerpo espiritual, que es al que nos referimos cuando decimos "yo soy", al que "envuelven" los otros tres "cuerpos" que hacen del hombre un ser integral: un cuerpo mental, un cuerpo energético o astral y un cuerpo material o físico, soporte de todos los anteriores.

El hombre, en su evolución o ascenso por la escala evolutiva, va conociendo y dominando tanto la materia que le rodea como la que le sirve de soporte, esto es, su cuerpo físico. Y al dominar la materia, va dependiendo menos de ella y, por el contrario, va haciéndose más dependiente de sus otros cuerpos sutiles. Dicho de otro modo: el hombre evoluciona a medida que pierde densidad; y pierde densidad aumentando la tasa vibratoria de su ser integral, formado por la unión de todos sus cuerpos. En definitiva, los hombres 4.1 (primera etapa de la cuarta dimensión o dimensión humana), son aquellos que están ocupados en comprender el entorno que les rodea y del cual dependen en gran medida. Su evolución mentales todavía más inconsciente que consciente; en estos momentos no existen ya hombres así en la Tierra.

Los hombres 4.2 siguen aprendiendo de su entorno, pero su inteligencia les permite ya fabricar instrumentos y utensilios para dominarlo y protegerse. Tampoco existen ya hombres así en vuestro planeta, aunque podríamos tener una referencia próxima en algunas tribus del Amazonas o en los pigmeos.

Los hombres 4.3, como es el caso de los habitantes del planeta Tierra, se diferencian básicamente de los de la anterior etapa en que aparece un elemento nuevo e importante a resaltar: la consciencia, la capacidad de "darse cuenta" de las cosas y tener, además, la facultad de poder aumentar progresivamente ese grado de consciencia. Siendo en ese momento cuando se da cuenta de que es "el rey de las creaciones físicas que ve", la manifestación más evolucionada de cuanto le rodea físicamente. Y al darse cuenta de su individualidad, comienza a utilizar de forma consciente el llamado "libre albedrío". La función cósmica de un 4.3 sería, pues, la de poblar y dirigir su planeta regulando y colaborando de una forma consciente y libre al desarrollo evolutivo de los planos o dimensiones anteriores, y evolucionando él mismo a través de la construcción consciente de sociedades armónicas.

Cuando el hombre aprenda a vivir en armonía -y ese es el futuro próximo que os espera a quienes superen el próximo salto evolutivo que se acerca, del que en su momento les hablaremos- con y los que le rodean, pasará a ser 4.4, etapa ésta en la que el hombre debe adquirir plena consciencia de su función: investigar y profundizar en el conocimiento del mundo físico y material para aprender a dominarlo.

En cuanto a los 4.5 -nuestro caso en Apu diré, brevemente, que nos dedicamos, entre otras cosas, a investigar en el terreno de lo que podríamos llamar la moral, procurando que nuestra sabiduría y enseñanzas sirvan de referencia a los 4.3 para su evolución progresiva. Los conocimietos transmitidos por los seres 4.5, por cierto, suelen ser el origen de las religiones en los distintos mundos 4.3, como el vuestro, así como la semilla de los conocimientos esotéricos que custodian las órdenes herméticas. Lo que no quiere decir, en absoluto, que el que eso haya dado lugar al nacimiento de las religiones fuera precisamente el fin perseguido.

En cuanto a los 4.6, diré sólo que son los maestros espirituales de los 4.4, de la misma forma que los 4.7 son los de los 4.5. Por supuesto, los hombres 4.7 han alcanzado ya tal desarrollo de consciencia cósmica y tal dominio de la materia que su ser integral está ya muy próximo al de los ángeles, seres del primer peldaño de la quinta dimensión. Y no me extiendo porque ello excedería a la intensión que nos animaba en esta entrevista, aunque para que sirvan e referencia conviene añadir que en la quinta dimensión viven seres energéticos, es decir, humanos que un día trascendieron la cuarta dimensión y abandonaron, por innecesario, el soporte del cuerpo físico; en la sexta viven los seres espirituales y, en la séptima, las llamadas divinidades.

La humanidad de mi planeta está situada dos peldaños por encima de vosotros en la escala evolutiva; es decir, somos seres humanos con un grado evolutivo correspondiente a la escala 4.5. Mi maestro es un ser humano del niveCaracterísticas generales del segundo plano, o plano astral:

Muchos de sus habitantes tiene la maravillosa propiedad de mudar de forma con protéica rapidez y de fascinar a los que escogen para divertirse con ellos.

La visión del mundo astral es muy diferente y mucho más amplia que la visión física. En el plano astral se ven los objetos de todos lados a la vez, y el interior de un sólido es tan visible como la superficie.

El escenario de estos planos es el mismo y mucho más que el de la tierra porque cuando desde ellos observamos por medio de los sentidos astrales, hasta los objetos puramente físicos presentan muy diferente aspecto... por lo que aún los objetos más familiares pueden parecer al principio totalmente desconocidos.

Por otra parte, se ha de tener presente que en circunstancias ordinarias, la generalidad de los habitantes del mundo astral, tanto humanos como elementales, sólo perciben los objetos astrales, pues para ellos la materia física es tan invisible como lo es la materia astral para la mayoría de la humanidad terrena.

Habitantes humanos del plano astral:

Éstos se dividen en encarnados y desencarnados, dependiendo si tienen cuerpo físico o ya no lo tienen. Esto es si están vivos o muertos en el plano físico.

Encarnados

Los humanos encarnados pueden visitar voluntaria o involuntariamente el plano astral durante sus sueños o meditaciones.

Desencarnados

La vida en el plano astral de los humanos desencarnados varía, pues aunque algunos permanecen allí sólo unos cuantos días, otros están muchos años o aún siglos.

Todo ser humano ha de pasar después de la muerte física por todos los subplanos del astral en su camino hacia el plano mental, aunque no se sigue de ello que haya de ser consciente en todos ellos.

La permanencia del alma en cualquier subplano del astral está precisamente en relación a la cantidad de materia que de dicho subplano contiene su cuerpo astral. Cuando al morir el cuerpo físico pasa el hombre al mundo astral, las desintegradoras fuerzas de la naturaleza comienzan a actuar sobre su cuerpo astral hasta liberar al alma de él.

En el ínfimo subplano del astral sólo permanecen los individuos que durante su vida terrena alimentaron pasiones siniestras y deseos brutales.

Si el individuo ha sido durante su vida terrena enteramente espiritual, su cuerpo astral será tan sutil que atravesará en rápida ascensión todos los subplanos del astral y despertará conscientemente en el plano inferior del mundo celeste o plano mental.

Habitantes no humanos:

La esencia elemental perteneciente a nuestra evolución

Para comprender la evolución elemental es necesario tener en cuenta que se efectúa en el arco descendente y por lo tanto progresa hacia la completa caída en la materia que acontece en el reino mineral, de suerte que para la esencia elemental el progreso significa descenso a la materia, en vez de ascenso a los planos superiores.

Cuando una porción de esencia elemental permanece durante algunos momentos sin que la afecten extrañas influencias (lo que dicho sea de paso, raramente se realiza), carece de forma definida, aunque su movimiento es todavía rápido e incesante; pero a la más mínima perturbación provocada acaso por alguna pasajera corriente mental, asume una desconcertante confusión de móviles y siempre cambiantes formas que surgen y desaparecen con la rapidez de las burbujas en la superficie del agua hirviente.

Estas evanescentes formas, aunque generalmente asumen las de seres vivos de alguna especie, humana o no, son manifestación de la existencia de separadas entidades en la esencia elemental a manera de las cambiantes y múltiples ondas que levanta una turbonada en las ondas de un tranquilo lago. Parece como si fueran meros reflejos del basto océano de luz astral, pero tienen cierta relación con la índole de la corriente mental que las pone en existencia, aunque casi siempre con alguna grotesca distorsión y espantable o repugnante aspecto. Se trata del resultado producido por la corriente de frívolos y medio involuntarios pensamientos emitidos por el cerebro de las gentes.

Al considerar cuán bajo de nivel es aún el pensamiento colectivo de la humanidad no es extraño que el hombre coseche lo que sembró; y así la esencia elemental que careciente de la facultad de percepción, recibe ciegamente y refleja cuanto sobre ella se proyecta, denota generalmente hostiles características.

Todo neófito lo sabe por experiencia, pues en la mayor parte de los casos su primera impresión al visitar el plano astral es la presencia en su alrededor de una numerosa hueste de protéicos espectros que hacia él avanzan en actitud amenazadora, pero que siempre retroceden o se desvanecen sin hacer el menor daño, si se les da en rostro valerosamente.

El cuerpo astral de los animales

La inmensa mayoría de los animales no han logrado aún permanente individualización, y cuando uno de ellos muere, la esencia monádica por su medio manifestada revierte al particular depósito de donde provino, llevando consigo las experiencias adquiridas durante la vida física. Pero esta reversión no se efectúa inmediatamente, sino que el cuerpo astral del animal se reordena lo mismo que en el caso del hombre, y el animal tiene en el plano astral positiva existencia cuya duración, aunque no muy larga, varía según el grado de inteligencia que haya desenvuelto. En la mayor parte de los casos está el animal en conciencia soñolienta, pero parece completamente feliz.

Los pocos animales domésticos que ya han alcanzado individualidad, y por tanto ya no renacen como animales en el mundo terrestre, tienen mucho más larga y consciente vida en el plano astral, y al final de ella, caen en una subjetiva condición, que dura muy considerable periodo.

Espíritus de la naturaleza

Tantas y tan variadas son las subdivisiones de esta clase, que merecerían en justicia un tratado especial. Sin embargo, daremos alguna idea de ellos, pues todos tienen características comunes.

Los espíritus de la naturaleza no han sido ni serán nunca humanos. Su línea de evolución es del todo punto diferente, y su sola relación con nosotros es que ocupamos el mismo planeta.

Los espíritus de la naturaleza son el equivalente a los animales de otra línea de evolución mucho más desarrollada que la nuestra. También se subdividen en siete órdenes que habitan respectivamente en los siete planos.

A continuación consideramos a los espíritus de la naturaleza más comprensibles para nosotros que son los de la tierra, agua, aire y fuego o éter. Son definibles e inteligentes entidades astrales que residen y funcionan en cada uno de dichos ambientes.

Se preguntará que cómo es posible que un ser viviente habite en una materia tan sólida como una roca en la corteza terrestre. La respuesta está en que como los espíritus de la naturaleza están corpóreamente constituidos por la materia astral, la materia de la roca no es obstáculo que impida su movimiento ni su visión; y por lo tanto, la materia sólida es su natural elemento y el único al que están acostumbrados y en el que se sienten a buen acomodo.

En el lenguaje vulgar se les conoce con muchos nombres, entre ellos hadas, gnomos, sátiros, faunos, elfos, duendes, nereidas, trasgos, ondinas, salamandras, sílfides, etc. Sus formas son muy variadas, pero más frecuentemente de configuración humana y cortos de talla. Como todos los habitantes del plano astral, son capaces de asumir cualquier tipo de aspecto a voluntad, pero tienen definida forma peculiar o mejor diríamos, una forma preferida en que aparecen cuando no les interesa asumir otra. En las condiciones ordinarias son invisibles a la percepción visual física, pero son capaces de materializarse para hacerse visibles físicamente.

La mayoría de los espíritus de la naturaleza evitan la relación con el hombre, cuyas costumbres y emanaciones le repugnan, y les molestan las corrientes astrales que ponen en movimiento los incesantes y desordenados apetitos humanos.

Otras órdenes de espíritus de la naturaleza son las entidades que en diversas ocasiones han sido reverenciadas como dioses locales o de los bosques. Estas entidades gustan de la lisonja que acompaña a la veneración que se les tributa y sin dudad están dispuestos a recompensar la veneración con algún servicio.

Los devas o angeles

La superior línea de evolución relacionada con nuestro mundo físico es, según alcanza nuestro conocimeinto, la de los seres llamados devas por los induístas y que también en otras partes han recibido los nombres de angeles

Se pueden considerar como un reino inmediatamente superior al humano, como el humano es inmediatamente superior al animal; pero con la importante diferencia de que mientras para el animal no hay otro camino de evolución que pasar por el reino humano, el hombre tiene abiertos ante sí, al llegar a un alto nivel, siete senderos, uno de lso cuales es la evolución dévica.

Aunque relacionados con la tierra no están los devas confinados a ella, porque el conjunto de nuestra presente cadena de siete planos es para ellos un solo plano, pues evolucionan en un superior sistema de siete cadenas. Hasta ahora han reclutado sus huestes en otras humanidades del sistema solar, pues muy pocos individuos de la terrestre han llegado al nivel en que fueron capaces de unirse a la evolución dévica; pero también es cierto que algunas de sus numerosas clases no han pasado en el camino de su evolución por ninguna humanidad comparable a la nuestra.

En nuestro estudio del plano astral y el plano mental sólo necesitamos mencionar las tres inferiores categorías de los devas, llamados en la antigua terminología kamadevas, rupadevas y arrupadevas.

Así como el cuerpo físico es el más inferior posible en el hombre, así el cuerpo astral es el más inferior posible en el kamadeva. Pero aunque vive en el cuerpo astral, puede desprenderse de él visitar en cuerpo mental la esfera superior. El cuerpo inferior del rupadeva es el mental, mientras que el cuerpo inferior del arrupadeva es el causal.

Sin embargo, la manifestación de los devas mentales y causales en el plano astral es tan sumamente rara como la manifestación materializada de una entidad astral en el plano físico. Así es que sólo nos referiremos aquí a la categoría inferior, la de los devas astrales.

El término medio de sus individuos aventaja de mucho a nuestro término medio, porque se ha eliminado hace tiempo de sus filas todo lo activo e intencionalmente maligno. Generalmente parece como si no se dieran cuenta de nosotros en el plano físico; pero de ciando en cuando sucede que uno de ellos advierte alguna tribulación humana que excita su compasión y presta su ayuda, así como nosotros auxiliamos a un animal que vemos angustiado. Sin embargo, comprenden que en el presente estado de evolución humana, cualquier interferencia sería más perjudicial que beneficiosa.

Habitantes artificiales

Es la clase más numerosa de entidades astrales y también la más importante para el hombre, porque son seres de su propia creación y se relacionan con él por íntimos lazos kármicos, y directa e incesantemente actúan sobre él.

Es una enorme masa de entidades medio inteligentes que difieren entre sí como difieren los pensamientos humanos, y es imposible clasificarlos ni ordenarlos. La única división posible es la que distingue entre elementales artificiales formados inconscientemente por la mayoría de la humanidad, y los formados deliberadamente por los magos, aunque podríamos relegar a una tercera división a las entidades creadas artificialmente que no son elementales.

Elementales formados inconscientemente

El pensamiento se apodera de la esencia elemental y moldea instantáneamente con ella un ser viviente de apropiada forma, y que una vez formado ya no depende de quien lo formó, sino que tiene la vida propia cuya duración es proporcional a la intensidad del pensamiento que lo formó.

Los pensamientos de la mayoría de las gentes son tan vagos e indecisos, que los elementales por ellos formados sólo duran unos cuantos minutos o a lo sumo algunas horas; pero un incesante pensamiento o un ardoroso deseo forman un elemental cuya existencia puede prolongarse durante muchos días.

Como quiera que los pensamientos del hombre ordinario se refieren casi siempre a sí mismo, los elementales que forman permanecen a su alrededor, y constantemente propenden a provocar la repetición del originario pensamiento, pues tales repeticiones, en vez de formar nuevos elementales, intensifican el ya formado y le alargan la vida.

Así es que si un hombre alimenta constantemente un mismo deseo forma una especie de astral acompañante, que si de continuo alimentado por nuevos pensamientos durante años, irá adquiriendo cada vez mayor influencia sobre él, de suerte que si el deseo es de siniestra índole, los efectos sobre su carácter pueden ser sumamente desastrosos.

Todavía de más fecundos resultados en bien o en mal son los pensamientos del hombre respecto a sus semejantes, porque entonces el elemental formado no actúa sobre el que lo forma, sino sobre el individuo a quien se dirige el pensamiento. Si el pensamiento o el deseo son amorosos, benévolos o amigables, con ardiente anhelo por su bien, formarán y proyectarán hacia la persona en quien se piensa un amistoso elemental artificial.

Si el deseo tiene carácter definido, como por ejemplo, que salga en bien de una enfermedad, de un grave apuro, de un trance, el elemental formado favorecerá el éxito feliz e impedirá toda influencia capaz de estorbarlo. En esta acción desplegará el elemental lo que parecerá ser considerable manifestación de inteligencia y adaptabilidad cuando en realidad es tan sólo una fuerza actuante por la línea de menor resistencia que fluye continuamente en el mismo sentido y aprovecha cuantos conductos halla, como el agua de una cisterna encontrará entre muchos desagües obstruidos el único expedito, por el que se apresuraría a fluir.

En todos los casos la fuerza desplegada por el elemental y el tiempo que vive para desplegarla dependen enteramente de la intensidad del pensamiento o del deseo que lo engendró, aunque también puede que lo alimenten, intensifiquen y alarguen su vida otros buenos y favorables deseos llegados de distintas direcciones.

Además parece como si el elemental artificial actuara, como otros deseos, con el instintivo afán de prolongar su vida, y así reacciona sobre su creador con una fuerza que propende constantemente a provocar la reproducción del pensamiento o deseo que lo actualizó. También influyen los elementales artificiales en los individuos con los que se ponen en contacto aunque no es tan completa su relación con ellos.

Todo lo dicho respecto a los favorables efectos de los buenos pensamientos y amistosos deseos es también verdad en opuesto sentido respecto de los malos pensamientos y deseos. El hombre cuyos pensamientos y deseos sean malignos, rencorosos, brutales, lujuriosos, avarientos y hostiles, va por el mundo llevando consigo por doquiera una pestilente atmósfera psíquica poblada por las repugnantes entidades que formó para que fueran sus compañeros. De esta suerte no sólo se halla él en triste situación, sino que es un peligro para sus semejantes, pues cuantos con él se pongan en contacto arriesgan contagiarse de la influencia de las abominaciones de que quiso rodearse.

Un sentimiento de envidia o de odio lanzado contra otra persona, entrañará un elemental que se dirigirá hacia ella como disparada flecha, y buscará el punto más fácil por donde penetrar. Si el sentimiento es persistente, el elemental recibirá nuevo estímulo y podrá prolongar su vida mientras persiste el sentimiento que engendró. Sin embargo, no tendrá el mal deseo o el siniestro pensamiento que o el envidioso pensamiento eficacia alguna si la persona a quien van dirigidos no vibra no propende a vibrar en la siniestra tónica que el elemental formado por tan morbosas emociones, es decir, que la persona malquerida no proporcionará punto de apoyo a la potencia del elemental cuya influencia rechazará como un broquel el aura del individuo de puros pensamientos y recta conducta, por no hallar sitio donde fijarse y entonces por ley mecánica reaccionará contra quien lo emitió, donde encontrará motivo de actividad, de suerte que el individuo quedará herido por sus propias armas.

Lo expuesto hasta aquí sobre el particular servirá para confirmar la importancia de mantener en rigurosa sujeción nuestros pensamientos.

Elementales formados conscientemente

Puesto que tales resultados como los descritos se obtienen por la fuerza mental de hombres que desconocen completamente lo que están haciendo, fácil es de comprender que un mago conocedor del asunto y que puede ver con toda exactitud el efecto que produce su actuación, posea inmenso poder en su pensamiento.

Tanto los magos blancos como los magos negros se valen frecuentemente en su obra de elementales facticios cuya acción es muy extensa cuando están científicamente preparados y con hábil conocimiento dirigidos, porque quien así sepa formarlo puede relacionarse con su elemental y guiarlo, de suerte que actúe como si estuviese dotado de la misma inteligencia que su dueño.

Por medio de la magia negra pueden formarse elementales facticios que por muchos medios ocasionan mucho daño; pero sucede con ellos lo mismo que dijimos acerca de los elementales facticios formados incosncientemente, esto es, que si se lanzan contra una persona de recta conducta y puros pensamientos y emociones, reaccionará el elemental con terrible virulencia contra el que lo engendró.

Estos malignos elementales se emancipan a veces de la obediencia de su creador y se convierten en demonios que vagan a la ventura. Procuran a toda costa prolongar su vida, ya alimentándose vampíricamente absorbiendo la vitalidad de seres humanos o influyendo en ellos para que les tributen ofrendas, y entre las tribus medio salvajes logran a veces que se les reconozca como dioses patronos de un poblado y se les rinda culto mediante sacrificios.


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